Gabriela Gómez, referente de la Organización Multidisciplinaria de Apoyo a Profesores y Alumnos (Omapa), ha dado a conocer los preocupantes resultados de las pruebas PISA 2025, que revelan que los estudiantes paraguayos están significativamente por debajo de la media internacional. Solo un 24% ha superado el nivel básico en lectura, frente al 69% global; un 10% en matemáticas, comparado con el 64%; un 24% en ciencias, en contraste con el 74%; y apenas un 14% en resolución de problemas computacionales, frente al 64% a nivel global.
Desde la evaluación de 2022, la caída más notable se ha dado en lectura, con una disminución de 21 puntos, seguida de ciencias con 13 puntos, y matemáticas, que también ha visto una baja de 4 puntos. Gómez subraya que la crisis educativa en Paraguay es el resultado de una falla sistémica que persiste desde hace décadas, y enfatiza la necesidad de una «causa nacional», impulsada desde la Presidencia, para abordar esta situación crítica.
La especialista lamenta que, en las aulas, se ha incrementado la solicitud de permitir que se lean verbalmente los problemas de matemáticas a los estudiantes de segundo grado, lo que evidencia una alarmante falta de comprensión lectora. Esta incapacidad afecta directamente su habilidad para resolver problemas lógicos. Omapa ha decidido no otorgar dicha ayuda para garantizar la equidad en todo el país.
Gómez también ha notado un aumento en la dificultad de los alumnos para autorregular sus emociones durante las evaluaciones, lo que se suma a la crisis de lectura. A pesar de las críticas, asegura que Omapa no ha disminuido las expectativas en las olimpiadas matemáticas, y que las variaciones en el rendimiento se deben a factores competitivos y no a un relajamiento de estándares.
La referente recalca que el currículum educativo presenta incoherencias internas, donde se promueve la resolución de problemas pero se impone una carga excesiva de contenidos que no permite el desarrollo de estas habilidades. Para revertir esta situación, hace un llamado a tomar decisiones audaces, como reducir el contenido curricular y destinar más tiempo a actividades que fomenten el pensamiento lógico.
Gómez también advierte sobre el impacto de las tecnologías digitales y la inteligencia artificial en la educación, señalando que la crisis de aprendizaje en Paraguay es multifactorial y requiere una intervención integral en aspectos como alimentación, infraestructura y capacitación docente. Si no se abordan estos problemas de manera efectiva, el país podría enfrentar un grave rezago productivo.
A pesar de este panorama desalentador, Gómez destaca el potencial académico de los estudiantes paraguayos, evidenciado en el programa «Jóvenes Talentos», donde alumnos motivados logran niveles sobresalientes en matemáticas. Con el acompañamiento adecuado, estos estudiantes han demostrado que es posible alcanzar estándares educativos de clase mundial.
Finalmente, Gómez concluye que, si se considera la educación como una prioridad nacional, es viable transformar la realidad de las aulas en Paraguay.
