La siesta del lunes volvió a ser escenario de la delincuencia que azota a la ciudad. Alrededor de las 13:55 horas, la tranquilidad de la Fracción Terraza II se vio abruptamente interrumpida cuando un sujeto armado irrumpió en la «Despensa L y L», ubicada sobre la calle Augusto Zelada.
La propietaria, Dora Liz Núñez Lezcano (33), se convirtió en una víctima más de la criminalidad sistemática. El asaltante, que se desplazaba a bordo de una motocicleta tipo cobrador, vestía un abrigo tipo canguro gris con blanco y llevaba el rostro oculto tras un casco oscuro. Portando un arma de fuego en la mano, encañonó a la comerciante y se apoderó de G. 400.000 en efectivo —resultado del trabajo diario— junto con un teléfono celular Xiaomi 13 negro, para luego darse a la fuga sin dejar rastro.
Comerciantes acorralados y temor generalizado
Este hecho no representa un caso aislado, sino el reflejo de una problemática de fondo: la absoluta desprotección en la que operan los microempresarios de los barrios periféricos. Los asaltos a mano armada y los hurtos continuos registrados durante el último fin de semana confirman que la delincuencia opera con total impunidad a cualquier hora del día.
Para las familias trabajadoras de Pedro Juan Caballero, la sensación de indefensión va en aumento. Los pequeños comercios, que funcionan con márgenes reducidos y representan el sustento directo de los hogares, se han convertido en el blanco más accesible para la criminalidad urbana.
Las actuaciones correspondientes fueron remitidas al Ministerio Público. Mientras las autoridades policiales intentan recabar pistas para identificar al sospechoso, los pobladores exigen respuestas concretas y una presencia policial efectiva antes de que la violencia callejera termine por paralizar la actividad económica de la comunidad.
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