El mercado global de alimentos se enfrenta a una nueva crisis, según un informe del semanario británico The Economist, motivada por el conflicto en Europa. A diferencia de la crisis de 2022, esta vez los canales de exportación de trigo de Ucrania y Rusia están afectados por hostilidades directas, lo que genera incertidumbre sobre el suministro de cereales y podría provocar un aumento en los precios que impacte a los consumidores más vulnerables.
La región del Mar Negro y del Mar de Azov es crucial para la alimentación mundial, ya que de allí proviene cerca de un tercio del trigo comercializado globalmente. En 2022, la invasión rusa bloqueó la infraestructura ucraniana, lo que resultó en un aumento histórico de los precios de los alimentos. Aunque un acuerdo temporal facilitó un corredor marítimo seguro, este ha dejado de ser efectivo, y la situación actual es más peligrosa debido a los ataques en ambas fronteras.
Desde julio, Rusia ha cambiado su táctica y ahora ataca también a los barcos mercantes que se dirigen a puertos ucranianos, lo que ha llevado a las tripulaciones a evitar estas rutas. En respuesta, Ucrania ha intensificado sus operaciones con drones navales, cerrando la navegación rusa en el Mar de Azov y causando daños significativos en las terminales de grano de Novorossiysk, que representa el 30% de las exportaciones de trigo rusas.
Los efectos de estos conflictos son inmediatos. En agosto de 2025, el flujo de trigo de ambas naciones alcanzó los 6,3 millones de toneladas, pero se espera que para este agosto las exportaciones combinadas caigan a 2,5 millones, lo que significa una reducción superior al 60%. Esta paralización en las rutas del Mar Negro es sin precedentes en la historia reciente.
Las alternativas para la exportación no son simples. Ucrania intenta redirigir su producción a través de camiones y trenes hacia el río Danubio, pero la sequía ha disminuido su capacidad de carga. Los agricultores de Europa del Este también se oponen al aumento en los costos de flete que esta desviación implica. Por su parte, Rusia planea trasladar sus exportaciones a los puertos de los mares Báltico y Caspio, que tienen capacidad limitada.
En cuanto a los precios, el trigo ha aumentado un 25% en lo que va de 2026, alcanzando niveles máximos en dos años, aunque todavía es la mitad del récord histórico de 2022. Sin embargo, la reciente cosecha en el hemisferio norte ha permitido a los países compradores posponer adquisiciones, mientras que las reservas de 2025 actúan como un amortiguador temporal.
Las proyecciones para el resto del año son desalentadoras, ya que se anticipan descensos en las exportaciones de trigo de EE. UU., Canadá y la Unión Europea debido a sequías y decisiones de los agricultores de optar por cultivos más rentables. Además, se espera que la producción de Australia disminuya más del 20% por el fenómeno de El Niño y el aumento en los costos de fertilizantes debido a retrasos en el Estrecho de Ormuz.
En Paraguay, el 99% de las exportaciones de trigo se destinan a Brasil. Argentina, como un importante exportador global, podría beneficiarse de la menor disponibilidad de trigo del Mar Negro, aumentando su presencia en los mercados internacionales.
