La salida de la doctora María Teresa Barán Wasilchuk como titular del Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social fue oficializada este domingo mediante un decreto, en un contexto de crisis en el sistema sanitario público. Su renuncia se produce en medio de crecientes denuncias sobre la precariedad laboral y masivas renuncias de médicos.
En una extensa carta de despedida publicada en su cuenta de Facebook, Barán intentó justificar su gestión desde que asumió en agosto de 2023, destacando logros y proyectos de infraestructura en el ámbito de la salud. Sin embargo, su mensaje careció del tono autocrítico que muchos esperaban, limitándose a enfatizar que se retira con la «tranquilidad de haber entregado todo mi esfuerzo».
La exministra agradeció al presidente Santiago Peña y al vicepresidente Pedro Alliana por la confianza depositada en ella. Aunque reconoció que «seguramente cometimos errores» y que «quedaron cosas por hacer», se enfocó en enumerar los avances logrados, como la inauguración del Hospital General de Coronel Oviedo y proyectos en diferentes regiones del país.
Barán también mencionó que para el año 2027 se destinarán US$ 760 millones para medicamentos e insumos y US$ 195 millones para el Instituto Nacional del Cáncer (Incan), presentando esto como una inversión histórica. Además, destacó la creación de consultorios nocturnos, la ampliación de las Unidades de Salud de la Familia y la mejora en la operatividad de la Red Nacional de Cuidados Críticos.
No obstante, sus afirmaciones sobre el trabajo en equipo contrastan con el descontento de los profesionales de salud, quienes han expresado su malestar a través de huelgas. A pesar de que Barán mencionó la incorporación de más de 5,000 profesionales y la reducción de la carga horaria del personal médico, la realidad en los hospitales es diferente.
En las últimas semanas, el sistema sanitario ha enfrentado un colapso sin precedentes, marcado por la renuncia de cientos de médicos en protesta por condiciones laborales inadecuadas y la falta de insumos. Este descontento se tradujo en marchas y pedidos de renuncia que culminaron con la salida de Barán.
Además, la crisis se vio agravada por la falta de medicamentos oncológicos en el Incan y la escasez de camas de terapia intensiva neonatal. Pese a sus declaraciones sobre la voluntad y el compromiso por mejorar la salud pública, la gestión de Barán se despide con un marcado contraste entre los datos presentados y la situación real que viven los pacientes en los hospitales públicos.
