Durante la misa de la juventud celebrada en la Catedral Metropolitana, conmemorando los 450 años del nacimiento de San Roque González de Santa Cruz, el cardenal Adalberto Martínez emitió una fuerte advertencia sobre el impacto del crimen organizado, la impunidad y la corrupción en Paraguay. En su mensaje, instó a los jóvenes a convertirse en “viñadores” que rescaten los valores democráticos y la dignidad de las comunidades más vulnerables.
El evento, que reunió a cientos de jóvenes, fue una oportunidad para que el arzobispo denunciara las profundas fracturas morales que amenazan la convivencia pacífica en el país. Martínez destacó que Paraguay enfrenta una encrucijada crítica, marcada por desigualdades económicas y una evidente falta de oportunidades.
El cardenal cuestionó el desvío sistemático de fondos públicos destinados a servicios básicos, señalando que los recursos se desperdician mientras los sectores más necesitados apenas reciben migajas. “Son enormes los recursos que se desperdician o desvían”, lamentó, enfatizando que esto afecta la salud, la educación y otros derechos fundamentales del pueblo.
En su discurso, el líder religioso también mencionó cómo la descomposición ética ha facilitado la proliferación de economías ilícitas que amenazan el futuro de la juventud. “De esa cizaña brotan el crimen organizado, la trata de personas, y la violencia”, advirtió.
Martínez llamó a los jóvenes a mantener su dignidad ante el abandono estatal y a luchar por sus derechos, subrayando que no son las personas las que están secas, sino sus derechos postergados. En un mensaje directo a los jóvenes, instó a no permitir que “estructuras oscuras” decidan el futuro del país y a defender la soberanía interior.
El arzobispo también abordó la cultura del enriquecimiento ilícito y la indiferencia hacia las necesidades ajenas, exhortando a los jóvenes a evitar caer en trampas como el “dinero fácil” y las drogas. “No entreguen su juventud a estos vicios”, fue su clara advertencia.
En su homilía, Martínez destacó la importancia de la solidaridad activa y el compromiso frente a los antivalores que afectan a las instituciones. Llamó a los jóvenes a sembrar vida en lugar de muerte y a participar activamente en los asuntos públicos como un deber de fe cristiana.
La defensa de los recursos naturales fue otro tema central, donde el cardenal criticó el modelo de desarrollo que sacrifica ecosistemas por rentabilidad a corto plazo. Insistió en que la tierra no es una mercancía, sino un don divino que debe ser cuidado colectivamente.
Finalmente, el cardenal evocó el legado de San Roque González, subrayando que la fe auténtica se manifiesta en acciones concretas que transforman las estructuras sociales. Con un mensaje de esperanza, afirmó que “no todo está perdido” en Paraguay y que los ciudadanos deben trabajar por un futuro mejor.
