La actividad conocida como «farmear aura» congregó a jóvenes el pasado sábado en la plaza Cerro Corá, frente a la Catedral de San Lorenzo. Durante el evento, los participantes realizaron diversas gesticulaciones y movimientos con el fin de mostrar su «aura» o habilidad para atraer la atención.
El presbítero Pedro Celestino Brítez, párroco de la Catedral, ofreció su perspectiva sobre este fenómeno, subrayando que detrás de estas expresiones hay una «necesidad profundamente humana» de socialización. Aclaró que el término «farmeando» proviene del lenguaje de los videojuegos, donde implica acumular puntos, mientras que «aura» simboliza carisma y presencia.
Brítez destacó que no es negativo que los jóvenes se reúnan, bailen y se expresen. De hecho, consideró que una tendencia que surge en el ámbito digital puede propiciar encuentros presenciales significativos. Desde su visión cristiana, instó a reflexionar sobre el impacto que estas experiencias tienen en las personas.
El sacerdote enfatizó que si la actividad es sana, creativa y fomenta el encuentro, puede ser parte de las expresiones de la generación actual. No obstante, advirtió que la situación se torna preocupante cuando se asocian a estos eventos conductas como el abuso de alcohol, drogas, violencia o cualquier acción que comprometa la dignidad.
Además, Brítez reflexionó sobre la noción de «acumular aura» como una búsqueda de reconocimiento en la sociedad contemporánea. Señaló la creciente necesidad de ser vistos y admirados, un fenómeno que se ha intensificado en la era digital.
Finalmente, el párroco hizo un llamado a equilibrar la experiencia en línea con relaciones humanas auténticas, alertando sobre el riesgo de que las dinámicas de las redes sociales deterioren las conexiones personales. Recordó que «el hombre mira las apariencias, pero el Señor mira el corazón» y planteó una pregunta crucial: ¿cuánto de nuestra vida vivimos realmente y cuánto vivimos para ser vistos?
