El exceso de lluvias y la falta de horas de sol encendieron las alarmas en el sector arrocero paraguayo, que enfrenta dificultades para completar la siembra y preservar el rendimiento de los cultivos. Las condiciones climáticas, vinculadas al fenómeno El Niño, amenazan con alterar el calendario agrícola y comprometer las proyecciones de producción de una actividad con fuerte orientación exportadora.
El vicepresidente de la Federación Paraguaya de Arroceros (Feparroz), Reinerio Franco, advirtió que las precipitaciones persistentes y las intensas nubosidades están afectando tanto a las parcelas ya sembradas como a los terrenos que todavía deben prepararse para recibir los cultivos.
Uno de los principales inconvenientes es la saturación de los suelos. Según explicó el dirigente, los terrenos bajos, característicos de las zonas arroceras, pueden tardar entre 10 y 15 días en secarse después de una lluvia de 60 milímetros. Esta situación dificulta el ingreso de maquinarias y retrasa las labores necesarias para avanzar con la siembra.
A esto se suma la falta de radiación solar, un factor determinante para el desarrollo de la planta y la formación de los granos. La persistencia de los días nublados podría reducir el rendimiento de los cultivos que deberán cosecharse a partir de enero, en un escenario en el que los pronósticos de nuevas precipitaciones mantienen la preocupación de los productores.
La siembra avanza con dificultades
Actualmente, entre el 70% y el 75% de la superficie arrocera prevista ya fue sembrada en el país. Sin embargo, las condiciones del clima complican completar el área restante dentro del período recomendado, que se extiende hasta finales de noviembre.
El sector proyecta una superficie de entre 200.000 y 230.000 hectáreas, aunque la meta podría quedar por debajo de las 200.000 hectáreas si las lluvias impiden trabajar con normalidad durante las próximas semanas.
La producción nacional promedio se sitúa entre 1,2 millones y 1,4 millones de toneladas anuales. Alcanzar esos niveles dependerá, en buena medida, de la evolución de las condiciones meteorológicas y de la capacidad de los productores para completar las labores agrícolas dentro de los plazos establecidos.
Exportaciones y presión financiera
Pese a las dificultades, desde Feparroz señalaron que el abastecimiento del mercado interno no se encuentra en riesgo. Alrededor del 83% de la producción nacional se destina a la exportación, mientras que el 17% restante se utiliza para el consumo local y la reserva de semillas.
No obstante, los efectos de una campaña adversa podrían extenderse más allá del volumen cosechado. Los retrasos en la siembra, la reducción potencial de los rendimientos y las dificultades para desarrollar los trabajos de campo pueden incrementar la presión económica sobre los productores, que deben sostener sus inversiones en un contexto de incertidumbre climática.
Ante este panorama, Feparroz, junto con el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) y la Unión de Gremios de la Producción (UGP), solicitó la intervención del Banco Central del Paraguay (BCP) para evaluar medidas de flexibilización financiera que ayuden al sector a enfrentar las dificultades.
El pedido busca generar condiciones que permitan a los productores sobrellevar los efectos de las inclemencias climáticas y sostener la actividad durante la campaña.
La evolución del clima será decisiva para determinar el alcance de los daños y la superficie que finalmente podrá cultivarse. Por ahora, el sector permanece atento a los pronósticos, con la expectativa de contar con períodos de suelo seco y mayor luminosidad que permitan recuperar el ritmo de trabajo y reducir el impacto sobre una de las actividades relevantes de la producción agrícola paraguaya.