La comunidad de Fuerte Olimpo, ubicada a 780 kilómetros al norte de Asunción, enfrenta múltiples desafíos debido a la falta de apoyo estatal. Los residentes, junto a otros habitantes del Alto Paraguay, lidian con serias carencias, principalmente en infraestructura vial y salud, que afectan su calidad de vida.
La ganadería se presenta como la principal fuente de ingresos, aunque esta actividad se ve amenazada por un aumento del abigeato, poniendo en riesgo la subsistencia de muchas familias. Además, la comunidad se destaca por su belleza natural, especialmente en la región del Pantanal, que alberga una rica biodiversidad. Se considera que el desarrollo del turismo, si se gestiona de manera sostenible, podría convertirse en una valiosa fuente de ingresos.
Para que esta potencial actividad turística prospere, es crucial contar con autoridades que tengan una visión de futuro y que implementen proyectos atractivos para inversores, como la construcción de hoteles. Sin embargo, es imperativo contar con caminos transitables y un suministro de energía eléctrica fiable para garantizar la inversión privada.
La historia de Fuerte Olimpo se remonta al 25 de septiembre de 1792, cuando se inauguró el Fuerte de Borbón, diseñado para proteger las posesiones españolas. Con el tiempo, este lugar se transformó en un campo de confinamiento para prisioneros políticos, quienes junto a sus familias establecieron la comunidad alrededor del fuerte.
Recientemente, se celebró un tedeum religioso en honor a la comunidad, presidido por el monseñor Gabriel Escobar, quien pronto asumirá el cargo de obispo auxiliar de Asunción. Durante su discurso, Escobar enfatizó la importancia de que las autoridades se comprometan a mejorar la calidad de vida de todos, instando a los ciudadanos a informarse y elegir sabiamente en las próximas elecciones municipales.
El intendente Moisés Recalde destacó el significado del aniversario de la comunidad en un acto que reunió a autoridades locales y una gran cantidad de visitantes. En esta ocasión, se entregó una placa de reconocimiento al monseñor Escobar por su servicio en la región.
El evento culminó con un desfile cívico-estudiantil, que incluyó la participación de alumnos de diversas instituciones, incluyendo a los estudiantes de las comunidades indígenas de los Ishir o Chamacocos.
Como parte de la celebración, se llevó a cabo el tradicional Karu Guasu, donde se ofrecieron 3.000 kilos de carne vacuna donada por ganaderos locales. Este evento, que se realiza desde hace 16 años, se distingue por ofrecer el asado a la estaca de forma gratuita a todos los asistentes, un atractivo que cada vez atrae a más visitantes de distintas partes del país. Las buenas condiciones climáticas y de los caminos facilitaron la llegada de numerosos vehículos, haciendo de esta celebración un éxito rotundo.
