La fractura interna del Partido Colorado comienza a modificar la correlación de fuerzas en el Congreso Nacional, donde los legisladores de la ANR se reagrupan en torno a tres sectores: el cartismo, encabezado por Horacio Cartes; el peñismo, alineado con el presidente Santiago Peña y el vicepresidente Pedro Alliana; y la disidencia tradicional, integrada por referentes de Colorado Añetete, Fuerza Republicana y Causa Republicana.
La crisis del oficialismo, profundizada por los recientes movimientos políticos y el acercamiento entre los expresidentes Horacio Cartes y Mario Abdo Benítez, abrió un nuevo escenario legislativo. Las diferencias internas ya no se limitan a la conducción partidaria o a las candidaturas presidenciales de 2028, sino que comienzan a reflejarse en la conformación de mayorías, las negociaciones parlamentarias y el respaldo a las decisiones del Poder Ejecutivo.
En la Cámara de Senadores, integrada por 45 miembros, las estimaciones políticas actuales ubican a unos 12 legisladores en el sector que responde a Peña y Alliana, mientras que un eventual entendimiento entre cartistas y sectores vinculados al abdismo podría reunir alrededor de 14 parlamentarios. Los restantes 19 escaños corresponden, según esta distribución, a representantes de otras fuerzas políticas. Se trata de una proyección de alineamientos y no de una conformación oficial de bancadas, por lo que los números todavía están sujetos a modificaciones.
Entre los senadores identificados con el sector presidencial figuran Silvio Ovelar, Derlis Maidana, Patrick Kemper, Zenaida Delgado y Guadalupe Aveiro. Estos legisladores aparecen como parte del núcleo que acompaña políticamente al Ejecutivo y al proyecto presidencial de Pedro Alliana, aunque la nómina completa de los 12 parlamentarios atribuidos a este espacio todavía no se encuentra públicamente consolidada.
En contrapartida, el cartismo busca conservar su influencia dentro de la Cámara Alta, donde varios legisladores que históricamente acompañaron a Honor Colorado todavía no han establecido una posición definitiva frente a la crisis. Entre los nombres que generan especial atención aparecen el presidente del Congreso, Basilio «Bachi» Núñez, además de Pedro Díaz Verón, Juan Carlos Galaverna, Orlando Penner, Óscar Salomón, Javier Zacarías Irún y Colym Soroka.
La posición de estos parlamentarios será determinante para establecer la verdadera distribución de fuerzas, especialmente porque algunos mantienen vínculos históricos con el cartismo, pero todavía no existe una confirmación pública de que todos actuarán bajo una misma conducción política.
Por su parte, la disidencia colorada mantiene una estructura parlamentaria propia, con referentes como Mario Varela, Luis Pettengill, Blanca Ovelar, Juan Afara, Ramón Retamozo, Lilian Samaniego, Arnaldo Samaniego y Carlos Núñez Salinas. Estos legisladores participan de conversaciones orientadas a reorganizar el sector y construir una alternativa política dentro de la ANR, aunque sus diferentes movimientos todavía no constituyen una bancada unificada.
El acercamiento entre Cartes y Abdo Benítez incorpora un elemento adicional a esta reorganización, ya que abre la posibilidad de acuerdos legislativos entre sectores que durante años mantuvieron fuertes enfrentamientos internos. Sin embargo, las conversaciones entre ambos expresidentes no implican automáticamente que todos sus respectivos parlamentarios integren un mismo bloque ni que exista un compromiso de votar conjuntamente.
En términos numéricos, una eventual coordinación entre 14 senadores cartistas y abdistas con los 19 representantes de otras fuerzas podría alcanzar 33 votos, una cantidad superior a la mayoría simple de 23 requerida cuando participan los 45 miembros. No obstante, ese escenario es estrictamente hipotético, debido a que no existe un acuerdo parlamentario general que garantice semejante respaldo.
En la Cámara de Diputados, compuesta por 80 miembros, la reconfiguración presenta características diferentes. De los 44 legisladores colorados, 35 respondían anteriormente a Honor Colorado, pero las estimaciones actuales señalan que el núcleo que permanecería bajo la conducción directa de Cartes podría reducirse a seis o siete diputados. Mientras tanto, el sector identificado con Peña y Alliana podría concentrar entre 31 y 32 parlamentarios, aunque las negociaciones continúan y no existe una nómina definitiva.
Entre los diputados que aparecen vinculados al cartismo figuran Cristina Villalba, Héctor Figueredo, Liz Acosta, María Ida Cattebeke y Yamil Esgaib. También se menciona a Johana Vega como posible integrante del sector. No obstante, la permanencia de algunos legisladores todavía está sujeta a las definiciones políticas que se produzcan en los próximos días.
En el espacio cercano al Ejecutivo aparecen figuras como José Rodríguez y Alejandro Aguilera, mientras otros parlamentarios que anteriormente integraban Honor Colorado comenzaron a acompañar las posiciones del Gobierno. La dimensión exacta de este desplazamiento todavía no está cerrada y las estimaciones sobre la cantidad de diputados peñistas presentan diferencias.
La primera manifestación concreta de esta nueva correlación de fuerzas se produjo durante el tratamiento del proyecto de declaración que pretendía instar al presidente Santiago Peña a destituir al titular del Banco Central del Paraguay, Carlos Carvallo, en medio de los cuestionamientos relacionados con el caso ueno bank. En aquella votación, 30 diputados oficialistas rechazaron la iniciativa, mientras que 26 legisladores de la oposición y sectores colorados disidentes acompañaron el planteamiento. El resultado evidenció diferencias parlamentarias que hasta hace poco permanecían dentro de una misma estructura oficialista.
La disidencia colorada también mantiene representación en Diputados, con referentes como Roberto González, Mauricio Espínola, Daniel Centurión, Luis González Vaesken y Juan Ramón Maciel. Estos legisladores participan de las conversaciones entre Colorado Añetete y Fuerza Republicana para consolidar una alternativa interna, mientras continúan los contactos con otros sectores partidarios.
En este escenario, el presidente de la Cámara de Diputados, Raúl Latorre, también enfrenta el desafío de administrar una bancada oficialista que ya no presenta la misma cohesión política. La fragmentación del movimiento Honor Colorado introduce nuevas condiciones para la negociación de proyectos legislativos, la distribución de responsabilidades parlamentarias y el relacionamiento entre el Congreso y el Poder Ejecutivo.
La reorganización tiene, además, una dimensión electoral. El sector Peña-Alliana mantiene su apuesta por la candidatura presidencial del actual vicepresidente para 2028, mientras el cartismo atraviesa un proceso de redefinición de sus alianzas. Paralelamente, Colorado Añetete y Fuerza Republicana trabajan en la presentación de una fórmula presidencial única, con la intención de incorporar a otros movimientos internos, entre ellos Causa Republicana.
El nuevo escenario deja al Partido Colorado dividido en tres grandes espacios de poder, con una particularidad: el sector que controla el Poder Ejecutivo no necesariamente concentra el mismo respaldo dentro del Senado, mientras que en Diputados las estimaciones muestran un desplazamiento considerable hacia el peñismo.
La evolución de esta disputa dependerá de las decisiones individuales de los legisladores, los acuerdos que puedan alcanzar las distintas corrientes coloradas y el comportamiento de las bancadas en las próximas votaciones. Por ahora, la ANR conserva una importante representación parlamentaria, pero sus integrantes ya no responden necesariamente a una conducción política común, lo que abre una etapa de negociaciones para la aprobación de leyes, el control institucional y la gobernabilidad durante el tramo final de la administración de Santiago Peña.