50.000 votos en el último rincón de Colombia

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Fern Newball se resguarda del calor en Providencia, la segunda isla más grande del archipiélago colombiano, mientras un cartel pintado a mano en su puerta señala su trabajo como costurera. Junto a él, un cartel del candidato de extrema derecha, Abelardo de la Espriella, que decidió colocar tras ser convencida por el esposo de su pastor adventista con una promesa simple: “acabar con el juego”. Esto sucede en un contexto electoral marcado por promesas electorales que resuenan en la comunidad local.

El entorno de Providencia es característico, con casas afectadas por el salitre y torres de alta tensión que contrastan con la vida cotidiana de sus habitantes. La isla, ubicada a 1,300 km de Bogotá y a solo 200 km de Nicaragua, enfrenta realidades complejas. La campaña electoral se manifiesta de diversas maneras, incluyendo la entrega de material promocional por parte de candidatos, lo que se refleja en la interacción de los vecinos y en las decisiones individuales sobre a quién votar.

Este fragmento del paisaje electoral de Providencia ilustra cómo las promesas y las convicciones religiosas influyen en el comportamiento electoral de los habitantes, destacando el papel de las comunidades locales y de sus líderes en el proceso. A medida que se acercan las elecciones del 31 de mayo, las decisiones de votación se convierten en un reflejo de las preocupaciones y esperanzas de la población de la isla.


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