Airbnb World: las inmobiliarias copan un mercado que crece un 30% en las ciudades anfitrionas
En la colonia Juárez de la Ciudad de México, en la intersección de las calles Nápoles y Londres, se encuentra el edificio Pandora, un espacio que combina rosa y pastiche art déco. A pesar de que el establecimiento cuenta con un mostrador que opera las 24 horas y que ofrece a sus visitantes experiencias locales y recomendaciones para restaurantes, los encargados insisten en que no es un hotel. Las habitaciones están disponibles para alquilar por días, con tarifas que oscilan entre 5,000 y 12,000 pesos diarios, dependiendo del tipo de alojamiento.
A pesar de su apariencia y servicios de hotel, el personal recalca que su enfoque principal no es el turismo convencional, sino ofrecer una experiencia más auténtica y local. Esta peculiaridad del edificio Pandora plantea un debate sobre la clasificación y la naturaleza de los hospedajes en el contexto de la industria turística actual. La combinación de elementos artísticos y la atención al detalle en la experiencia del huésped han convertido a Pandora en un punto de interés para quienes buscan sumergirse en la cultura de la ciudad, aunque no se reconozca oficialmente como un hotel.
El fenómeno resalta las diferencias entre los tradicionales hoteles y los nuevos modelos de hospedaje, que buscan ofrecer una conexión más cercana con la comunidad local.