Buenos Aires cierra dos orquestas que dan cobijo a un centenar de jóvenes de los barrios más pobres

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En un barrio empobrecido de Buenos Aires, Matías Jascalevich, director de la orquesta juvenil Virgen de Itatí, se encontró en una situación crítica durante un ensayo. A pesar de que afuera se escuchaban disparos atribuibles a narcotraficantes ajustando cuentas, decidieron continuar con la práctica para mantener la calma y la concentración entre los niños, quienes se concentraban en sus partituras. Jascalevich observó el caos a través de la puerta del galpón y, consciente de la tensión, optó por no alarmar a los jóvenes músicos.

Esta orquesta, compuesta por alrededor de 60 niños, se ha convertido en un símbolo de esperanza y resiliencia en una comunidad afectada por la violencia y la pobreza. La música, en este contexto, sirve como un refugio y una manera de fomentar un ambiente estructurado en contraste con las adversidades del barrio 1-11-14. A pesar del estruendo del exterior, los niños lograron enfocarse en sus instrumentos, mientras su director y los profesores trabajaban con el firme deseo de proporcionarles un espacio seguro y enriquecedor a través de la música.

La experiencia ilustra cómo, incluso en circunstancias difíciles, el arte puede ofrecer consuelo y un sentido de propósito, ayudando a los niños a desarrollar tanto habilidades musicales como la capacidad de enfrentar los desafíos de su entorno.


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