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Los bancos centrales, considerados los «arciprestes» de la religión monetaria, poseen el impresionante poder de crear y destruir dinero a través de la impresión de billetes. Un billete, como el de 20 euros firmado por Christine Lagarde, tiene un valor tangible en la economía, como un almuerzo o entradas de cine, debido a la confianza que generan estas instituciones. La relación entre las democracias y los tecnócratas de los bancos centrales implica delegarles el control del dinero a cambio de estabilidad de precios y prosperidad económica. Esta independencia se ha mantenido desde los años 70, especialmente después de que Nixon advirtiera sobre la inflación tras cuestionar dicha autonomía. Sin embargo, este contrato entre los bancos centrales y las democracias podría estar en riesgo por varias razones. La capacidad de estos organismos para gestionar la economía y mantener la confianza en el sistema monetario se enfrenta a desafíos que cuestionan su futuro.


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