¿Quién puede detener al tiburón?

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Donald Trump, a diario, lanza una serie de mentiras, pero detrás de ellas subyace una intención clara: “Voy por ti”, lo que implica una amenaza a diversos grupos y naciones. Esta declaración abarca a los votantes demócratas, a la propia democracia, a la comunidad trans, e incluso a países afectados por tarifas comerciales, como Gaza, Cuba, Groenlandia, Colombia, e incluso Ucrania, así como a líderes como Maduro.

La retaliación también se dirige hacia figuras políticas y judiciales, como el presidente español Pedro Sánchez y los 11 jueces y fiscales del Tribunal Penal estadounidenses sancionados por investigar el posible genocidio en Israel y los crímenes en Irán. Agrega a los brasileños que no apoyan a Bolsonaro y a los argentinos que rechazan a Milei como parte de su lista de adversarios.

Francesca Albanese, relatora de la ONU para los territorios palestinos, también ha sido sancionada, reflejando una política de hostigamiento más amplia. Además, se menciona la suspensión de fondos de USAID, que afectará a los beneficiarios indefensos de estos programas.

La narrativa sugiere que la estrategia de Trump no se limita a rivales políticos, sino que se extiende a una serie de individuos y naciones que considera opuestos a sus objetivos. Esto podría tener repercusiones a largo plazo, incluso para sus posibles sucesores, como Marco Rubio y JD Vance, sugiriendo un ciclo de sanciones y desatención continuado.


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