La larga sombra del hijo único: China paga su mayor experimento social con una crisis demográfica

Comparte en:

La política del hijo único de China, instaurada en 1980, ha sido uno de los mayores experimentos sociales de la historia. Su objetivo era controlar el crecimiento demográfico, considerado una amenaza para el desarrollo del país. Los líderes comunistas promovieron esta medida a partir de un lema en 1978: «Uno es mejor, dos como máximo, dejando un intervalo de tres años». La consecuencia fue que en 1982, el 96% de las familias urbanas solo tenían un hijo, según la Encuesta de Hogares Urbanos. Este enfoque buscaba no solo la regulación de la natalidad, sino también el fortalecimiento del crecimiento económico y la mejora en la calidad de vida. Sin embargo, el tiempo demostró que esta política tuvo efectos profundos y complejos en la estructura demográfica de la nación, incluyendo un notable envejecimiento de la población y un desequilibrio de género.

Con el paso de los años, el gobierno chino reconoció las repercusiones negativas de esta política, lo que llevó a su modificación. En 2015, se permitió a las parejas tener dos hijos, y posteriormente se impulsaron otras iniciativas para afrontar el decrecimiento poblacional. Así, la política del hijo único refleja no solo un intento de controlar la natalidad, sino también un profundo impacto en la sociedad y la economía china a lo largo de más de tres décadas.


Comparte en:

Entradas Relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *