Feliz vasallaje, Europa
La respuesta de Europa ante la intervención militar de Estados Unidos contra el régimen de Nicolás Maduro se caracteriza por la cautela y la ambigüedad. Los líderes europeos muestran asombro y adoptan una postura de tibieza, utilizando un lenguaje diplomático que busca evitar conflictos y descontentos. Este enfoque se traduce en comunicaciones cuidadosamente formuladas, que se centran en mantener la unidad y evitar reacciones contundentes. Al mismo tiempo, dejan entrever una falta de acción decidida frente al autoritarismo de Maduro, lo que representa un desafío para el orden liberal global. La intervención de Estados Unidos se percibe como un golpe adicional a este orden, y la respuesta débil de Europa refleja la dificultad de encontrar una postura común eficaz. La falta de liderazgo claro y la inacción ante situaciones críticas evidencian la complejidad de las relaciones internacionales actuales, en donde la estrategia se mezcla con el miedo y la incertidumbre. Europa parece más preocupada por evitar polarizaciones que por enfrentar de manera resolutiva regímenes autoritarios, lo que plantea interrogantes sobre su papel en el escenario global y su capacidad para influir en el cambio. En este contexto, la combinación de ambigüedad estratégica y precaución puede ser vista como una reacción a las agresiones de la administración Trump, que ha desafiado el status quo y ha generado tensiones que requieren una respuesta más firme y cohesiva.