En Caacupé, invitan a marchar por justicia e integridad.
14 de diciembre de 2025 – 10:26
El padre Luis Ignacio Roy Alonzo presentó un agradecimiento por los 100 años de la congregación en Paraguay, instando a caminar con el pueblo desde la justicia y la integridad. Reconoció errores del pasado y pidió perdón por el daño ocasionado, especialmente a los más vulnerables. La homilía se llevó a cabo durante la misa en el Santuario de Nuestra Señora de Caacupé.
Al reflexionar, destacó el trabajo misionero realizado entre los más necesitados, recordando cómo muchos oblatos hicieron realidad las promesas mesiánicas del Evangelio, comenzando por regiones históricamente marginadas como el Chaco paraguayo.
En este contexto, subrayó que la misión oblata busca ayudar a los más pobres a reconocer su dignidad, transformar la tristeza en alegría y acompañar a los más desfavorecidos. Afirmó que este camino solo es genuino si se realiza en conjunto con el pueblo, desde la justicia, la integridad y la coherencia evangélica, sin ignorar las realidades dolorosas que afectan a las comunidades.
“Hoy los oblatos llegaron a Caacupé como peregrinos de esperanza, no solo representando a la comunidad presente, sino también en nombre de los más de 3.300 misioneros oblatos que trabajan en unos 70 países del mundo”, comentó.
Justicia para los oprimidos
Sin embargo, la homilía también tuvo un marcado tono de autocrítica. El Superior General reconoció que, al recordar estos 100 años, no se pueden pasar por alto los errores cometidos. Admitió que no siempre los misioneros actuaron con coherencia ante la vocación recibida y que algunas actitudes pudieron generar confusión, escándalo y dolor, especialmente entre los más débiles y vulnerables.
Asimismo, evocó la figura de Juan el Bautista como un modelo de vida misionera, resaltando su humildad, pobreza y entrega total para preparar el camino del Señor. Señaló que ese mismo espíritu ha guiado a los oblatos que han estado en Paraguay y debe seguir inspirando hoy una misión cercana, humilde y comprometida con el pueblo.
Al concluir, el Superior General confió a los misioneros y al pueblo paraguayo a la protección de la Virgen de Caacupé, pidiendo la gracia de ser “ministros coherentes de la misericordia de Dios” y humildes peregrinos en busca de consuelo, curación y esperanza, reafirmando el compromiso de continuar sirviendo y caminando con el pueblo desde la justicia, la integridad y el amor a los más pobres.