El derrame del Golfo golpea la cuna petrolera mexicana en medio de un giro en la política energética

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En la mañana de Claudia Sheinbaum, la crisis provocada por una mancha de crudo ya afectaba 500 kilómetros de la costa de Veracruz, con animales muertos en las playas y comunidades locales dedicadas al turismo y la pesca intentando limpiar el desastre. El presidente solicitó más información a Pemex, la Secretaría de Medio Ambiente y el Gobierno de Veracruz, pero las explicaciones eran confusas y contradictorias, mientras la mancha continuaba expandiéndose por el Golfo de México. Casi un mes después de la crisis, el origen y los responsables de la fuga aún no estaban claros. Esta situación se da en el contexto crítico del Golfo, que es esencial para la producción petrolera de México y bajo la influencia del partido gobernante. Además, Pemex, la petrolera estatal más endeudada a nivel mundial, se esfuerza por mantenerse a flote mediante rescates públicos, mientras el Gobierno ha desarrollado un nuevo plan energético que busca atraer inversiones privadas para explorar y extraer gas y petróleo en aguas donde persisten dudas debido a la fuga. La incertidumbre y el manejo de la crisis reflejan la compleja relación entre las autoridades, la industria petrolera y el medio ambiente en un momento delicado para el país.


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