Auge y caída de la epopeya revolucionaria cubana
La Revolución Cubana ha logrado exportar con éxito su narrativa épica, destacándose sobre productos tangibles como la caña de azúcar, el tabaco y el ron. La figura del Che Guevara ha sido transformada en un símbolo de merchandising de la izquierda, mientras que la imagen de Fidel Castro, con su característico cigarro, desafía los numerosos ataques de la CIA. Desde 1959, la idea de que Cuba ofrece sistemas educativos y de salud excepcionales ha alimentado el imaginario progresista. Figuras prominentes como Sartre, Beauvoir, Maradona, Guayasamín y García Márquez han sucumbido al mito de una isla que, junto a su carismático líder, logró establecer un oásis socialista desafiante frente al imperialismo estadounidense. Este relato ha perdurado a lo largo de los años, cimentando la percepción de Cuba como un lugar de resistencia y aspiración social, a pesar de las dificultades internas y los problemas económicos. Así, la Revolución ha sido más efectiva en la exportación de su historia que en la promoción de sus bienes materiales, consolidándose como un ícono en la memoria colectiva de la izquierda global.