Así llegó a su fin el poder borracho de Diego Rivera en el Tequila
Diego Rivera, alcalde de Tequila, Jalisco, es visto de manera polarizada por la comunidad. Para algunos, es un Robin Hood que defiende a los ciudadanos contra poderosos empresarios; para otros, es simplemente un matón y criminal que ha utilizado su cargo para extorsionar a los tequileros y pisotear a quienes se interpongan en su camino. Su situación ha culminado en un arresto reciente por parte de la Procuraduría General de la República, que lo acusa de liderar una red de extorsión desde su oficina en el palacio municipal. Este contraste en las percepciones acerca de su figura refleja la complejidad de la política local y el impacto de su administración en la comunidad. La dualidad de su imagen pone de relieve tensiones en Tequila, un lugar emblemático conocido por su producción de tequila y su atractivo turístico. A medida que avanza la investigación, se espera que se revelen más detalles sobre las acusaciones en su contra y sus consecuencias tanto para él como para la localidad. La percepción pública de Rivera no solo afecta su carrera, sino que también podría tener repercusiones en la reputación y estabilidad de la región.