El 8M dentro de una cárcel: “Es la única fecha en la que nos escuchan”

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Un grupo de mujeres en el penal de Barrientos, Tlanepantla, se dedica a preparar carteles para conmemorar el 8 de marzo. Con cuidado, pintan consignas anti-injusticias y mensajes de empoderamiento, como “No más carpetas armadas” y “Nos abusan, nos desaparecen”. El proceso es emocionante; comienzan con rotuladores claros antes de aplicar pintura negra y adornos coloridos que eligen con entusiasmo. A pesar de estar en un entorno resguardado por muros y vigilancia policial, estas mujeres encuentran una forma de expresarse y dejar su huella al mancharse las manos con pintura. Algunos de sus nombres, como Emma y Karla, quedan impresos junto a sus mensajes. Emma comenta que esta es “la única vez que se nos escucha”, refiriéndose a la importancia de ser representadas en la lucha por los derechos de las mujeres, aunque no podrán marchar físicamente. Sin embargo, los carteles que preparan se convertirán en su voz en la manifestación, simbolizando la lucha contra la injusticia y la necesidad de ser escuchadas. A medida que trabajan, se siente una mezcla de emoción y determinación en el aire, fusionando el arte con la activismo en un momento de unidad y esperanza. Aunque están confinadas, su espíritu de lucha se manifiesta a través de sus creaciones, que resonarán más allá de los muros del penal.


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