El río Sinú no deja de crecer en Lorica: “Rezo para que mis gallinas sobrevivan para pagar mis deudas”

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María Isabel Méndez, una campesina de 47 años, ha enfrentado una situación desesperante en su hogar en Córdoba, donde ha estado lidiando con inundaciones que han cubierto su casa debido al desbordamiento del río Sinú. Durante cinco días, el agua alcanzó casi las patas de su cama, y entre la angustia y el temor por su seguridad, decidió permanecer en su hogar, ya que no tenía a dónde ir. Sin embargo, el aumento del agua y la preocupación por las bacterias en su entorno la llevaron a buscar refugio en una estructura improvisada de plástico, madera y palma a la entrada de su finca.

La situación en su comunidad es alarmante, con varios habitantes sufriendo las consecuencias de las lluvias torrenciales. Este panorama refleja no solo la vulnerabilidad de las zonas rurales ante fenómenos climáticos extremos, sino también el impacto emocional y psicológico que estas circunstancias generan en los afectados. La angustia de perder su hogar y enfrentar el deterioro de su entorno se suman a la incertidumbre sobre el futuro. María Isabel es solo un ejemplo de muchos que viven la cruda realidad de las inundaciones, obligados a adaptarse a condiciones adversas mientras esperan ayuda y una solución a la crisis que enfrentan. Las imágenes que acompañan su historia muestran la devastación y la resiliencia de quienes luchan por reconstruir sus vidas en medio de la adversidad.


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